Cuando hablamos de “simbología gestual”, nos referimos ante todo a como el cuerpo o la imagen puede manifestarse o expresarse de varias maneras. De ahí que, al enfocar esto en la representación escultórica, se tuvo que recurrir al lenguaje del cuerpo. Se puede decir que mediante esta interpretación, el espectador puede identificar y criticar, ya sea en una obra o en el individuo mismo, estas características que son producto de la misma cultura.

Por otra parte, esos signos, de origen “natural” establecidos en la sociedad, cuya función consiste en conocer nuestro carácter o nuestros sentimientos, se pueden utilizar “artificialmente” para dar a conocer los sentimientos que presenta, en este caso, la obra artística. Así es como se fue formando un código gestual en el cual la relación entre los signos y las reacciones naturales de las que provienen se ha oscurecido desde hace tiempo, como suele suceder con los lenguajes articulados. Un ejemplo de ello, es el saludo mediante inclinación de la cabeza, correspondería indudablemente a un reflejo de sumisión muy antiguo.

Sin duda, se trata de un código que presenta las principales características del lenguaje articulado: transmisión de información, sistema de oposiciones pertinentes (cabeza y ojos bajados/cabeza y ojos levantados), arbitrariedad del signo, variantes cronológicas y culturales, que se han dado a lo largo de la historia. Estos hechos, evidentes y conocidos, sólo recientemente han sido objeto de investigación por parte de la lingüística y la semiología, pero no por parte de un historiador del arte. Según su naturaleza y función, se pueden distinguir diferentes tipos de códigos corporales. En consecuencia, se género tres disciplinas que son: la kinética, ésta se basa en el estudio de los gestos y las mímicas. La proxemia o estudio de las posiciones del cuerpo en el espacio cultural y la prosodia, que es el estudio de las entonaciones y de las variaciones de la voz, por las cuales se expresan los sentimientos y las intenciones de los interlocutores, etc.

En este caso, se utilizará el método de la kinética, expuesta por Guiraud. Pero antes de abordar este término, también es importante realizar un análisis descriptivo y simbólico -expuesta por Cirlot y Chevalier- de cada imagen en sí, de sus elementos y atributos (Eliade Mircea, Revilla,…). Luego se pasará a un estudio reflexivo de lo simbólico gestual. Además, de ver la relación que existe en algunas imágenes con respecto a sus sentimientos por medio de sus expresiones corporales.

Para entender como funciona ese lenguaje gestual y simbólico en las imágenes representadas, es importante que comprendamos el término kinética o patognomonía, que como lo señala Guiraud, éste aborda los fenómenos o signos de comunicación sobre los actos de encogerse de hombros, menear la cabeza, etc. para darle a entender al espectador lo que se desea, se piensa o se siente. La kinética, en griego significa “movimiento del cuerpo” (kinesis), éste más que basarse de las observaciones y reflexiones, es un estudio sistemático y científico en el que se reconocen códigos dentro del comportamiento o lenguaje gestual, donde este último tiene una intención de comunicar pero sin intercambio de ideas (ruegos, entre otros) o hay una comunicación sin intención de comunicar (fisiognomía, patognomonía).

A partir de ello, es que veremos a continuación como ese lenguaje de gestos –siendo complejo en sí mismo-, es introducido dentro del arte, específicamente la imagen escultórica presentes en el cementerio “El Espejo”, y como partiendo de las ideas expuestas por Pease y Guiraud, encontramos que es posible que el “artista” ya dominando conscientemente o no sobre ciertos códigos presentes en la cultura, juegue con esos elementos o signos “naturales” para expresar sentimientos, de una manera “artificial”, y que por medio de estudios como estos, hace que sea más fácil reconocer lo que expresa una imagen por medio de la simbología gestual-corporal.

  • FICHA DE REGISTRO
IDENTIFICACIÓN

Pedro S. Solano A.

Sector:

A “Hodie Mihi Cras Tibi”

Ubicación:

Parte izquierda de la Iglesia El Espejo, Av. 8 – Calle 22

Clasificación Genérica: Escultura.

Año: 1969

Dimensiones en Centímetros: Alto:    30,5cm       Ancho: 13,5cm

Técnica: Mármol.

ESTADO DE CONSERVACIÓN

Condiciones

Bueno:  X Regular:            Malo:

Integridad

Completo:  X Incompleto:

Descripción

Encontramos aquí una figura arrodillada. Para Chevalier, la rodilla simboliza el “principal asiento de la fuerza corporal”. De ahí el sentido de las expresiones “de rodillas”, “arrodillarse”, que significa rendirse, humillarse ante otro, adorar mediante la genuflexión. Para Plinio el Viejo el carácter religioso de las rodillas, es símbolo de poder. Es con esto que la imagen en esta posición se rinde ante el Supremo por el alma del difunto. Además, vemos como el ángel con sus tiernas, pequeñas y abultaditas manos porta una cruz a la altura del pecho, apropiándose así de ella, aceptando firmemente el dolor, que también se expresa en su rostro sereno y tranquilo con los labios cerrados que marca un cierto realismo, y por la dirección de su mirada, que se encuentra dirigida hacia arriba, viéndose con gran detalle el iris y la pupila. Guiraud dice que el rostro abierto y comunicativo, deja ver las emociones sean negativas o positivas. No obstante, su larga cabellera termina en pronunciadas ondulaciones, esto se representaba en la escultura clásica del siglo XII y VI. Por otra parte, observamos como el escultor-artesano le da forma a la túnica que cubre casi todo el cuerpo de la figura, por medio de pequeños doblajes en la manga, además de dejar pronunciados pliegues que caen en una de sus piernas apoyadas en la base dejando al descubierto uno de sus pies. Siendo el pie símbolo del alma (Cirlot, 1969), acaso por ser el soporte del cuerpo. Sus alas están de forma pasiva, es decir, en descanso, notándose ciertos detalles de su plumaje. Con todo esto, el escultor busca representar el naturalismo, el movimiento y la belleza, a través de las formas suaves y curvas.

Pedro S. Solano A.  Parte izquierda de la Iglesia El EspejoPedro S. Solano A.  Parte izquierda de la Iglesia El Espejo

Pedro S. Solano A. Parte izquierda de la Iglesia

Pedro S. Solano A. Parte izquierda de la Iglesia

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  • FICHA DE REGISTRO

Identificación: Flia. Uzcategui

Sector: A “Hodie Mihi Cras Tibi”

Ubicación: Parte izquierda de la Iglesia El Espejo, Av. 8 – Calle 22

Clasificación Genérica

Escultura.

Año: 1949.

Dimensiones en Centímetros: Alto:  52 cm,  Ancho: 30 cm.

Técnica: Mármol.

ESTADO DE CONSERVACIÓN.

Condiciones:

Bueno:  X Regular:           Malo:

Integridad:

Completo: X Incompleto:

Descripción

Esta figura lleva todo el peso en las rodillas, ya que éstas son el principal asiento de la fuerza corporal. La larga túnica fina y delicada le da cierto volumen a la imagen, debido a sus pliegues, esa elegancia se opone a la rusticidad del muro de piedra, al igual que los rizos bien pronunciados que cae sobre el rostro y que recuerda, de alguna manera, la escultura clásica; todo esto le da una cierta exquisitez a la imagen. La figura del ángel en posición completamente arrodillada, donde su cuerpo se apoya en sus piernas, y también sobre la columna de piedra, junto a la cruz, forma así una curva de media luna en que cae el cuerpo, quizá presenta la recaída y el sufrimiento por aquel que partió. La imagen de la cruz, representa la unión del cielo y la tierra, es la gran vía de comunicación, es el árbol de vida, también posee el valor como símbolo ascensional. En la iconografía cristiana la utiliza tanto para expresar el suplicio del Mesías como su presencia. La curva presente en las pequeñas alas sobrecogidas del ángel, se ve las marcadas finas líneas del plumaje de la misma. Esa mirada descendente, sus ojos entrecerrados y sus labios finos y cerrados, muestran ciertos rasgos de tristeza. En lo referente al código patognomónico, Guiraud dice que el gesto de “humillación” y de “sumisión” hacen que se baje la cabeza, se encorve la espalda, se tienda uno boca abajo -por nombrar los más esenciales- hacia un poder al que se reconoce superioridad (Dios). Por otro lado, la figura en su mano izquierda porta rosas, y su brazo derecho se apoya sobre el muro de piedra, dominando así el escultor el movimiento. El elemento de la rosa, simboliza –señala Chevalier- el alma, el corazón, a Cristo, de quien el alma recibe la impronta. Desde el punto de vista de Mircea, dice que si la vida humana es interrumpida bruscamente, por una muerte violenta, intentara prolongarse en forma de planta, de flor. Por otro lado, la cruz es “el símbolo del intermediario, del mediador, de aquel que es por naturaleza reunión permanente del universo y comunicación tierra-cielo…” (Chevalier, 1991, p. 362)

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  • FICHA DE REGISTRO

IDENTIFICACIÓN: Flia. Montero Díaz.

Nº de la pieza: T. P. 5905

Sector: A “Hodie Mihi Cras Tibi”

Ubicación: Parte Izquierda de la Iglesia El Espejo, Av. 8 – Calle 22.

Clasificación Genérica:  Escultura.

Año :  S/A.

Dimensiones en Centímetros: Alto:  74 cm,  Ancho: 32,5cm.

Técnica: Mármol.

ESTADO DE CONSERVACIÓN

Condiciones:

Bueno X Regular: Malo:

Integridad:

Completo: X Incompleto:

Descripción

Este ángel lleva todo su peso en su espalda, debido a la pesada cruz que lleva a cuestas, aceptando por medio de está la carga del dolor y sufrimiento. Además, la imagen de la cruz es la gran vía de comunicación entre el cielo y la tierra, posee también el valor como símbolo ascensional. Sus alas están en forma activa, es decir, en lo alto como si fuera agarrar vuelo. Su rostro es desviado a un lado, inclinándose hacia abajo, como si mirara al difunto. En su mano izquierda porta un ramo de flores, símbolo del principio pasivo, del amor y de la armonía que caracterizan a la naturaleza primordial, también se identifica con el simbolismo de la infancia (Chevalier, 1991). Su brazo derecho se levanta con elegancia hacia adelante, como si obsequiara la rosa al difunto. La flor se presenta a menudo como una figura-arquetipo del alma o como centro espiritual, y aquí la vemos muy presente no sólo en quien la porta, sino en la parte inferior central de la piedra, de una forma más detalla. Por otra parte, el ángel lleva una túnica, que simboliza el yo del alma, es decir, la zona en contacto más directo con el espíritu (Cirlot, 1969). Se puede ver como la vestimenta deja al descubierto uno de sus hombros y las piernas, a diferencia de las anteriores. Su pierna derecha se inclina hacia atrás, aquí vemos como el escultor se preocupo por conseguir belleza y cierto naturalismo, por lo que aparece un mayor movimiento y libertad en la postura, dándole así volumen y ligereza a la escultura, por medio de la posición elegante del cuerpo que se dobla y también debido a la tela que marca el contraste con la lisura del cuerpo.

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  • FICHA DE REGISTRO

IDENTIFICACIÓN:   Rafael Ángel Oquendo.

Sector: A “Hodie Mihi Cras Tibi”

Ubicación:  Parte izquierda de la Iglesia El Espejo, Av. 8 – Calle 22.

Clasificación Genérica: Escultura.

Año: 1927

Dimensiones en Centímetros: Alto: 73cm,  Ancho: 24cm

Técnica:  Mármol blanco.

ESTADO DE CONSERVACIÓN

Condiciones:

Bueno:           Regular: X Malo:

Integridad:

Completo: Incompleto: X

Descripción

En esta imagen vemos como el escultor presenta unas alas mínimas, pero curveadas, tal vez sólo como alusión a la figura del ángel. Por otro lado, le da volumen a través de líneas pronunciadas en su túnica, ésta pareciera ser llevada una parte por el viento; es más, una de sus mangas está por debajo del brazo, dejando al descubierto uno de sus hombros. El ángel apoya su pierna izquierda en la piedra llevando todo el peso del cuerpo en ella, aludiendo a la idea de pedestal, y a la que le corresponde las cualidades de firmeza y esplendor (Cirlot, 1969), mientras que la otra pierna se inclina hacia atrás (contraposto), de una forma cuidadosa y pulcra destacando sus delgados y largos dedos de los pies. Su rostro redondo, de alguna manera, y su mirada descendente, con sus ojos entrecerrados, sus labios pequeños pero pronunciados muestra una cierta serenidad, posiblemente de aceptación o de resignación. Además, lleva sus pequeñas manos a la altura del pecho, en la que lleva un ramo de flores, quizá como obsequio al difunto. La flor por su forma simboliza –según Cirlot- la imagen arquetípica del alma, la belleza efímera y el dualismo entre vida-muerte, pues su imagen prevalece. También en esta figura, se puede ver que existe una clara preocupación del escultor por conseguir belleza y naturalismo, por lo que aparece una mayor libertad y movimiento en la postura.

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  • FICHA DE REGISTRO

IDENTIFICACIÓN:  Flia. Balza González.

Nº de la pieza:   T. P. Nº 3088

Sector : B “Hodie Mihi Cras Tibi”

Ubicación: Parte derecha de la Iglesia El Espejo, Av. 8 – Calle 22.

Clasificación Genérica:  Escultura.

Año: 1973

Dimensiones en Centímetros: Alto:  61,5cm,  Ancho: 32,5cm

Técnica: Mármol.

ESTADO DE CONSERVACIÓN:

Condiciones:

Bueno:  X Regular:          Malo:

Integridad

Completo: X Incompleto:

Descripción

Esta imagen apoya todo el peso de su cuerpo en una sola pierna, e inclina la otra hacia atrás (contraposto). En otras palabras, el pie derecho es la “base” sobre la cual se apoya el cuerpo erguido, según Guiraud. La figura se encuentra semi-desnuda, sólo una pequeña tela bien pronunciada cubre sus partes íntimas, y cae levemente por la piedra hasta casi confundirse sino lo detallamos bien. El simbolismo de lo desnudo se desarrolla en dos direcciones: la de la pureza física, moral, intelectual y la espiritual (Chevalier, 1991). Sus alas -símbolo de ligereza espiritual y elevación de la tierra al cielo-, se extienden hacia arriba terminando en puntas, viéndose también las líneas que remarcan el plumaje, aunque no tan profundo y detallado. Las manos de este angelito, presenta dedos largos y delgados, que simulan ser los cables conductores de la energía espiritual (Vega). Mientras que la mano izquierda porta un ramo de rosas, símbolo del alma, del logro absoluto y la perfección, la otra la lleva a la altura del pecho. Su cabello hace recordar a las estatuas representadas en el Renacimiento. Su rostro triste se inclina de lado, con una mirada descendente hacia la tumba, sin comunicarse directamente con el espectador. El ángel acepta mediante esa expresión, la muerte de ese ser que partió. El escultor-artesano, va en búsqueda del movimiento y belleza. Teniendo un especial gusto por las formas suaves y curvas. La anatomía está mucho más marcada, sus ojos dejan ver la pupila y el iris.

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  • FICHA DE REGISTRO

IDENTIFICACIÓN: Ramón – Alberto

Sector: A “Hodie Mihi Cras Tibi”

Ubicación: Parte izquierda de la Iglesia El Espejo, Av. 8 – Calle 22

Clasificación Genérica: Escultura.

Año: 1935

Dimensiones en Centímetros: Alto: 62,5cm,   Ancho: 21,5cm

Técnica: Mármol.

ESTADO DE CONSERVACIÓN

Condiciones:

Bueno:         Regular:  X Malo:

Integridad

Completo:   X Incompleto:

Descripción

Observamos que esta imagen apoya todo el peso de su cuerpo en una sola pierna, mientras que la otra descansa arrodillada en la parte superior de la piedra que lleva un diploma con los nombres “Ramón Alberto”. Además, la mano derecha también se afinca sobre el “diploma”. La figura se encuentra desnuda, sólo el pequeño ramo que porta en su otra mano, ésta se apoya en la pierna en descanso indicando firmeza (Pease), cubre sus partes privadas. La desnudez simboliza, en este caso, la pureza física y la espiritual (Chevalier, 1991) tal vez del ángel y el difunto. Por otra parte, las alas son de gran tamaño y se encuentra en posición pasiva, en la que el escultor-artesano define no con grandes detalles el plumaje de las mismas. Las alas expresarán, pues, en general una elevación hacia lo sublime, un impulso para trascender la condición humana. No obstante, la mano izquierda del ángel porta un ramo de rosas, símbolo del alma, del logro absoluto y la perfección (Cirlot, 1969). Su cabello  que termina en pronunciadas ondulaciones, hace recordar a las estatuas representadas en el Renacimiento. Su rostro triste se inclina hacia abajo, sin comunicación directa con el espectador. El ángel se resigna mediante esa expresión a aceptar la muerte del ser que partió. El escultor-artesano, va en busca del movimiento, el naturalismo y la belleza, presentando formas curvas y una libertad en las posturas, en donde el volumen se hace presente en la figura.

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  • FICHA DE REGISTRO
IDENTIFICACIÓN:

Cecilia de los Milagros Mendoza Dávila.

Nº de la pieza:

T. P. 2928

Sector:

A “Hodie Mihi Cras Tibi”

Ubicación:

Parte izquierda de la Iglesia El Espejo, Av. 8 – Calle 22

Año: 1948

Dimensiones en Centímetros: Alto: 94cm ,    Ancho: 40cm

Técnica: Mármol

ESTADO DE CONSERVACIÓN

Condiciones

Bueno: X Regular:          Malo:

Integridad

Completo: X Incompleto:

Descripción

Esta imagen muestra cierta movilidad en sus músculos, pues la postura de los brazos y las piernas contribuyen a expresar una cierta ligereza del cuerpo. En el caso de los brazos, el derecho se dobla delicadamente hacia arriba –dispone el escorzo-, y el otro cae verticalmente portando una rosa, símbolo éste de la copa de la vida, el alma, el corazón y el amor. El brazo con la mano extendida, es considerado como la prolongación del espíritu, según Cirlot. En cuanto a la parte simbólica, la mano abierta con la palma vuelta hacia el cielo, es gesto de apaciguamiento, la disipación de todo temor (Chevalier, 1991). Según la tradición bíblica y cristiana, dice que elevar la mano a Dios, es implorar protección, porque sólo él posee los cielos y la tierra. Mientras que la pierna izquierda está inclinada hacia atrás, la otra sirve como soporte del cuerpo, equivalente al pedestal, en la que posee la cualidad de firmeza. Por otro lado, su rostro infantil y tierno se inclina hacia delante en posición descendente, en señal de asentimiento, el sí, refiere Pease, presentando una cierta tristeza. El traje y las alas constituyen las zonas de mayor interés. La estupenda ornamentación de sus alas extendidas, hace que veamos el uso de la línea curva y los grandes detalles de su plumaje. Esta posición de las alas alude al vuelo, trayendo consigo siempre la noción general de ligereza espiritual y elevación de la tierra al cielo. En la tradición cristiana, las alas significan el movimiento aéreo, ligero, y simbolizan el espíritu. En la Biblia son un símbolo constante de la espiritualidad (ángeles). En cuanto a la túnica -simbolizo del yo del alma, es decir, la zona en contacto más directo con el espíritu (Cirlot, 1969)-, se presenta los pliegues muy remarcados que acentúan el volumen a la figura, dejando al descubierto uno de sus hombros, en el que se ve, además, la utilización de las líneas finas y curvas de la tela, que marca el contraste con la lisura  y delicadeza del cuerpo, contribuyendo a esa exquisitez  de la misma.

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  • FICHA DE REGISTRO

IDENTIFICACIÓN:  Flia. Dávila Matute.

Sector: B “Hodie Mihi Cras Tibi”

Ubicación: Parte derecha de la Iglesia El Espejo, Av. 8 – Calle 22.

Clasificación Genérica: Escultura.

Año: 1994

Dimensiones en Centímetros: Alto: 85 cm,  Ancho: 39,5cm

Técnica:  Mármol.

ESTADO DE CONSERVACIÓN

Condiciones

Bueno:  X Regular:          Malo:

Integridad

Completo:  X Incompleto:

Descripción

En la figura de este ángel, observamos un rostro sereno y tranquilo, inclinando su cabeza hacia abajo y desviándose apenas hacia la izquierda del espectador, donde no existe una comunicación directa con el espectador, sino que dirige su mirada a la tumba (difunto). El escultor-artesano quizá o igual va en busca de una síntesis entre el naturalismo y el ideal clásico. Es decir, se apoya en el principio de existencia de un punto de vista principal, que se halla precisamente delante, de manera que la contemplación sigue siendo frontal.

Por otro lado, el brazo izquierdo que cae verticalmente, y con un toque elegante lleva unas flores, imagen arquetípica del alma (Cirlot, 1969). Mientras que el otro levantado expresa un estado pasivo; alzar la mano o el antebrazo con la mano extendida a los cielos, es considerado como la prolongación del espíritu (Cirlot, 1969). La expresión de su rostro y la posición de sus brazos, es gesto de decisión, una decisión de acertamiento de aquel que partió y de que Dios hace su voluntad entre la vida y la muerte. Para Cirlot, el dedo índice con que la imagen señala hacia el cielo, es el dedo de la vida y los pies constituyen al asiento del cuerpo. La figura recibe toda la carga del cuerpo en una sola pierna, además de la piedra que se encuentra adherida a la misma, y el brazo derecho doblado, dispone en sí un escorzo (escultura clásica) ganando profundidad. En cuanto a la otra pierna, está libre, de suerte que es la que retrocede.  Sin embargo, su túnica -según Cirlot- simboliza el Yo del alma, es la zona (vestimenta) que está en más contacto directo con el espíritu, y que por medio de los pliegues, el escultor le da volumen a la figura. Esta remarcada la figura del ala, el “artista” hace incisiones detalladas del plumaje; las alas se encuentran de forma activa, es decir, extendidas. Los pies del ángel simboliza la fuerza del alma, señala Chevalier, en cuanto que es el soporte de la postura erguida, característica del hombre.

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  • FICHA DE REGISTRO

IDENTIFICACIÓN:  Flia. Márquez.

Nº de la pieza T. P. 2789

Sector: A “Hodie Mihi Cras Tibi”

Ubicación: Parte izquierda de la Iglesia El Espejo, Av. 8 – Calle 22.

Clasificación Genérica:  Escultura.

Año: 1971

Dimensiones en Centímetros: Alto: 51cm,  Ancho: 27cm.

ESTADO DE CONSERVACIÓN

Condiciones

Bueno:  X Regular:          Malo:

Integridad

Completo:  X Incompleto:

Descripción

Esta figura es muy particular, ya que se puede ver la utilización y la combinación de colores, poco usual, que produce un efecto diferente y de solemnidad. Esta imagen demuestra una mayor movilidad en la postura de los brazos que contribuye a expresar la ligereza del cuerpo. En la mano derecha lleva una especie de ramillete de flores -símbolo éste del alma, de la belleza efímera, del dualismo entre la vida y la muerte (Cirlot, 1969)- entre rojos y amarillos, que no son muy claras en su definición; el otro brazo está en lo alto y con pose elegante, doblando sus dedos. Esta elevación del brazo a Dios, implora protección, porque sólo él posee los cielos y la tierra (Chevalier, 1991). Además, su rostro se encuentra en posición ascendente, como quien contemplara el cielo, marcada por una cierta seriedad, pero a la vez de serenidad, en la que se detalla el color de sus ojos (azul-negro), y también se ve las delgadas líneas que marcan las cejas y pestañas, aparte de de ese tierno rosa que destacan sus bien pronunciados labios. En efecto, la escultura da la sensación de movimiento, debido a que una de las piernas está fija en el suelo y la otra retrocede. Básicamente representa esta imagen con una pierna ligeramente flexionada hacia atrás, al igual que el hombro de ese mismo lado está a menor altura que el contrario, llevando el brazo y las flores a la altura del pecho. La disposición de sus alas sigue el mismo movimiento opuesto en la parte baja de la túnica. Porque las alas significan una rápida ascensión espiritual. Elevación celeste, progresión hacia lo alto, ascensión que libera el alma de toda degradación. La ligereza de las alas simboliza la ausencia de toda atracción terrestre, impulso total y puro, exento de toda gravedad, hacia las cimas, refiere Dionisio Areopagita. En las alas vemos como esa combinación del amarillo y verde resalta más su forma y la belleza de la misma. Cabe señalar que la túnica es la vestimenta que más se aproxima en su simbolismo al alma (Cooper, 2000), aquí se presenta de una forma sencilla, pero sin perder los marcados pliegues que ayudan a darle volumen a la imagen, también con ese tono rosa, como mostrando la pureza inocente de la figura.

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  • FICHA DE REGISTRO

IDENTIFICACIÓN:  No se distingue el nombre.

Sector: B “Hodie Mihi Cras Tibi”

Ubicación: Parte derecha de la Iglesia El Espejo, Av. 8 – Calle 22.

Clasificación Genérica:   Escultura.

Año: S/A.

Dimensiones en Centímetros:    Alto: 58cm,  Ancho: 30cm

Técnica: Mármol.

ESTADO DE CONSERVACIÓN

Condiciones

Bueno: X Regular:          Malo:

Integridad

Completo:  X Incompleto:

Descripción

Vemos aquí la acentuada figura angélica en relieve, en la que sobresale de la delgada lápida su delicada figura corporal, haciéndonos que la contemplemos. Vemos como el escultor-artesano supo darle movimiento y un cierto realismo a la figura, por medio de las líneas bien pronunciadas que utilizó al marcar la ornamentación del delicado y detallado plumaje de las alas, además de la túnica. La imagen se presenta frontalmente, aunque dirige la mirada hacia abajo, con los ojos entreabiertos sin tener comunicación alguna con el espectador, está presente en su rostro la tristeza y el dolor. Su cuerpo delgado lleva una túnica de tela fina que lleva en las orillas cierto decorado, más aún esos finos pliegues, que le dan más vida a la obra. Sin olvidar que están al descubierto las piernas curveadas que se encuentran escasamente separadas, en el que la pierna izquierda esta levemente flexionada apoyada en la piedra, donde se muestra el detalle de los pies, éste símbolo del alma, acaso por ser el soporte del cuerpo, lo que aguanta al hombre en su posición erecta (Cirlot, 1969). Sus brazos tiernos y delgados se juntan a la altura del pecho, en gesto de adoración, inclinadas las manos a un lado de la cara del ángel, entrecruzando dos de sus pequeños y finos dedos. Se puede observar como la figura implora por el alma de aquel que partió, sin caer en la desesperación y en la exagerada expresión, sólo muestra la sutileza y pulcritud de las formas, el movimiento, la libertad que se dio en la misma, sin perder su belleza.

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  • FICHA DE REGISTRO

IDENTIFICACIÓN:  Ana Hilda Zerpa.

Nº de la pieza:  T. P. 4180

Sector: A “Hodie Mihi Cras Tibi”

Ubicación: Parte izquierda de la Iglesia El Espejo, Av. 8 – Calle 22.

Clasificación Genérica:   Escultura.

Año: 2000

Dimensiones en Centímetros: Alto: 59 cm,  Ancho: 29,5cm.

Técnica:  Mármol blanco.

ESTADO DE CONSERVACIÓN

Condiciones

Bueno:  X Regular:         Malo:

Integridad

Completo:  X Incompleto:

Descripción

La imagen de este ángel presenta unas enormes alas que se contrapone a la figura, y en la que sólo nos muestra mínimos detalles de su plumaje, pues aparentan ser como dos grandes tablas en descanso, en el que el escultor no le dio mucha importancia a su forma, sencillamente lo utilizo como excusa para representar lo que es, un ángel. Su cuerpo da una ligera inclinación que si lo observamos de perfil forma una especie de S alargada y flaca pero suntuosa, debido también a la flexión de una de sus piernas que dirige un poco hacia atrás. Lleva una túnica, símbolo ésta del alma, que muestra pliegues bien pronunciados que terminan en varias puntas en la orilla de la parte inferior del traje, que a su vez el escultor hizo uso del delicado decorado, dándole así volumen a la figura. Sus brazos pequeños y gorditos se inclinan hacia un lado juntando sus manos en la mejilla, tal vez en posición orante o en actitud semejante a quien alude al sueño, es decir, en descanso. Con esto, Guiraud dice que para “dormir”, acostar la mejilla sobre las dos manos juntas o estiradas. La mano colocada debajo de la mejilla, se relaciona con los ojos, y si están firmes indica sueño, en este caso en el sueño eterno. Aunque su rostro está de frente, sus ojos se encuentran entrecerrados, en posición descendente como si nos comunicara, de alguna manera, que el difunto se encuentra en descanso. Además vemos como se refleja una mera soledad de la que participa el espectador, ya que la mirada de la figura se fija sencillamente hacia abajo. En cuanto al cuerpo del ángel, se encuentra ajustado a la piedra, sin dejar por lo menos que una de sus piernas se libere, sólo el escultor inclina una de ellas sin salirse de su espacio, sólo va en busca del único punto de vista frontal, sin perder el naturalismo.

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  • FICHA DE REGISTRO

IDENTIFICACIÓN: Nelly Chalbaud Quintero.

Sector: B “Hodie Mihi Cras Tibi”

Ubicación: Parte derecha de la Iglesia El Espejo, Av. 8 – Calle 22.

Clasificación Genérica: Escultura.

Año: 1933

Dimensiones en Centímetros: Alto: 58 cm,  Ancho: 26cm.

Técnica:  Mármol.

ESTADO DE CONSERVACIÓN

Condiciones

Bueno:        Regular:  X Malo:

Integridad

Completo:             Incompleto: X

Descripción

La imagen se encuentra de pie llevando el peso del cuerpo en la pierna firme, además de la roca cuidadosamente curveada que se ajusta a las piernas, mientras que el otro pie se inclinada hacia atrás, sin perder la firmeza en la base. Sus alas pequeñas están de forma activa, es decir, elevadas dispuestas a tomar vuelo, se nota en el ala que le queda, que hay incisiones que marcan el plumaje de la misma, además de terminar en tres puntas. Los pliegues están presentes en la túnica, mostrando indudablemente la clara decoración en la orilla del cuello, y en el resto de los bordes se ve los leves puntos marcados. El estilo del cabello hace recordar a las imágenes infantiles del arte medieval y renacentista. Por otra parte, su rostro se desvía hacia abajo, dirige su mirada a la tumba (difunto) sin lograr tener comunicación con el espectador. Guiraud refiere que el rostro puede ser cerrado, pues se niega a comunicarse. En la expresión hacer frente es sinónimo de cara. Pero cuando bajamos la cabeza es signo de humildad –dice Guiraud-. La posición de ambas manos se asume como la manifestación corporal del estado de ánimo del “ser humano”, al inclinar con ella la actitud del espíritu, se representa el estado de dolor y súplica. Al llevar las manos a la altura de su pecho remite la idea del corazón herido por el dolor, órgano del cuerpo humano como sede de los sentimientos (Becker, 1996). Además, se puede observar el manejo del volumen que es conseguido por el tratamiento de la vestidura que luce, remarcando los pliegues que caen delicadamente sobre ella, indicando el contraste con la lisura del cuerpo. La carga gestual en esta figura se concentra en la posición de sus manos unidas y ubicadas a la altura del pecho.

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  • FICHA DE REGISTRO

IDENTIFICACIÓN: Tumba anónima.

Sector: A “Hodie Mihi Cras Tibi”

Ubicación: Parte izquierda de la Iglesia El Espejo, Av. 8 – Calle 22.

Clasificación Genérica: Escultura.

Año: S/A.

Dimensiones en Centímetros: Alto: 47,5cm,  Ancho: 22,5cm.

Técnica: Mármol.

ESTADO DE CONSERVACIÓN

Condiciones

Bueno:  X Regular:         Malo:

Integridad

Completo:  X Incompleto:

Descripción

Esta figura se encuentra en posición rígida y frontal, con los pies firmes sobre la piedra que recibe su forma mediante ligeros cortes. El cuerpo de la imagen se opone a las líneas curvas de sus alas extendidas. Su rostro -centro espiritual del icono- sereno y tranquilo se encuentra mirando de frente, en está posición significa presencia: contacto directo con quien los observa, pues su mirada se encuentra de frente con el espectador. En consecuencia, ambas manos se ubican frontales contra el pecho, en actitud orante, ya que su pensamiento está en el Altísimo (Vega). De ahí que la imagen acepta firmemente la partida de aquel que partió, pero hace una plegaria por el alma del difunto. Su túnica presenta ciertas incisiones que marcan los pliegues de la misma. El mirar levantado, la actitud hierática, las piernas firmes y rígidas es propio del arte egipcio. Es con esto, que el escultor va en busca de una acentuada inclinación por el único punto de vista frontal, claro que aquí el escultor-artesano sólo hace uso de incisiones para darle ciertos detalles a la figura, para mostrar el rostro, el cabello, el traje y la colocación de las piernas que están muy juntas, pero a la vez un poco separadas. No busca representar el movimiento libre de la figura por medio de las diversas posturas, ni acentuar detalladamente el cuerpo de la misma, sólo hace alusión al contenido: el ángel, no a la forma.

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  • FICHA DE REGISTRO

IDENTIFICACIÓN: Nyree Karina Zerpa Aviles.

Sector: B “Hodie Mihi Cras Tibi”

Ubicación: Parte derecha de la Iglesia El Espejo, Av. 8 – Calle 22.

Clasificación Genérica: Escultura.

Año: 1976

Dimensiones en Centímetros:   Alto: 37,5cm,  Ancho: 18 cm.

Técnica:  Mármol.

ESTADO DE CONSERVACIÓN

Condiciones:

Bueno:        Regular:  X Malo:

Integridad

Completo:  X Incompleto:

Descripción

La carga gestual en esta figura se concentra en la posición de sus manos cruzadas ubicadas a la altura del pecho, que según Álava Curto el cruzar los brazos a la altura de las muñecas, significa crucifixión, mientras que Pease lo señala como una sensación de protección. Sus alas de gran tamaño están en actitud pasiva, además son delgadas y alargadas, sin ningún detalle presente de su plumaje. Según Cirlot, refiere que las alas son signos de la “espiritualidad, imaginación y pensamiento”. Ahora bien, la túnica se confunde casi con el cuerpo de la imagen, a no ser por la fina línea que deja ver el final de las mangas, y aunque hace mayor énfasis de los pliegues en la rodilla flexionada para darle quizá más vida a la imagen, se encuentra, de alguna manera, más rígido o tenso el cuerpo. El escultor deja al descubierto la pierna flexionada mostrando la delgadez de la figura y su pequeño pie, éste símbolo de la fuerza del alma, en cuanto que es soporte de la postura erguida, característica del hombre (Chevalier, 1991), mientras que la otra pierna se encuentra arrodillada completamente, siendo las rodillas el principal asiento de la fuerza corporal. Su rostro se encuentra de frente, es un rostro abierto, que deja ver las emociones –señala Guiraud-, hay comunicación con el espectador, aún cuando su mirada se dirija ciertamente hacia abajo. El caso está en que el  escultor no le dio mucha importancia a los detalles realistas de la figura, simplemente hace alusión a lo que representa, el ángel. Pues si notamos, la imagen en sí no muestra ninguna expresión de dolor remarcada en su rostro ni en la postura de su cuerpo, tal vez la imagen sólo por medio del el gesto de las manos cruzadas a la altura del pecho está en señal de recepción, así como también de contemplación, según Luís Rodríguez.

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  • FICHA DE REGISTRO

IDENTIFICACIÓN: Goo E. Aparicio.

Nº de la pieza:  T. P. 988

Sector: B “Hodie Mihi Cras Tibi”

Ubicación: Parte derecha de la Iglesia El Espejo, Av. 8 – Calle 22.

Clasificación Genérica: Escultura.

Año: 1988

Dimensiones en Centímetros: Alto: 25 cm,   Ancho: 12 cm.

Técnica: Mármol.

ESTADO DE CONSERVACIÓN

Condiciones
Bueno:        Regular:  X Malo:

Integridad

Completo:  X Incompleto:

Descripción

Esta imagen en posición arrodillada, está cubierta por una larga túnica, símbolo ésta del yo del alma, que cubre casi todo su cuerpo, dejando  ver su rostro triste, sus manos entrecruzadas y sus pequeños pies. Sus alas pequeñas y curveadas están en posición activa, es decir, extendidas. En ellas se puede observar la definición, el cuidado y el minucioso detalle de su plumaje, ya sea dentro o fuera de las mismas alas. En cuanto a la túnica, el escultor alude a una elegancia exquisita de los pliegues que se enfatiza más en la caída que se va dando entre y alrededor de las piernas, incluso en las mangas. El tratamiento del plegado de la túnica, muestra el interés del escultor por el volumen de las formas. Estos mínimos detalles hacen que se revele la esencia divina del personaje. De entre todos los detalles, la expresividad de su rostro y la forma peculiar de los dedos de las manos que están notablemente curveados, logran un agradable ritmo en la figura. Además, el escultor acentúa la expresión de dolor en su rostro marcado por la elevación de su mirada pareciendo implorar misericordia o piedad a un poder supremo o superior, en donde muestra sus ojos melancólicos, marcando el iris y la pupila, propia del Renacimiento. Para reafirmar esto aun más ambas manos se entrecruzan a la altura del pecho en señal de frustración e impotencia. No obstante, la posición de las rodillas, principal asiento de la fuerza corporal, se rinde y se humilla ante el Supremo, adorándola mediante la genuflexión. De ahí que existe una clara preocupación del escultor-artesano por conseguir belleza y naturalismo, por lo que aparece un mayor movimiento y libertad en la postura de esta escultura, teniendo un especial gusto por las formas suaves y curvas.

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  • FICHA DE REGISTRO

IDENTIFICACIÓN: J. Emilio Sosa G.

Sector: B “Hodie Mihi Cras Tibi”

Ubicación: Parte derecha de la Iglesia El Espejo, Av. 8 – Calle 22.

Clasificación Genérica: Escultura.

Año: 1961

Dimensiones en Centímetros: Alto: 34,5cm,   Ancho: 26,5cm.

Técnica:   Mármol.

ESTADO DE CONSERVACIÓN

Condiciones

Bueno:  X Regular:         Malo:

Integridad

Completo:  X Incompleto:

Descripción

Este ángel aparece arrodillado en actitud orante, elevando su mirada al cielo, con las manos juntas a la atura del pecho. Las manos juntas es gesto de adoración y plegaria –señala Chevalier-. Para Pease, las manos con dedos entrelazados, es un gesto que denota bienestar o frustración. Partiendo de las características principales que presenta Pease, de las manos enlazadas frente al rostro, sobre la pierna, es señal de frustración ya que existe una relación entre la altura a la que sostienen las manos y la intensidad de la actitud negativa. Pero aunque vemos está actitud suplicante en esta imagen, también observamos que se opone al rostro liso, sereno y tranquilo, que denota más bien bienestar, su mirada se eleva hacia el cielo, viéndose claramente el iris y la pupila. Sin embargo, esta actitud de oración más la frontalidad del rostro, significa presencia, es decir, el contacto directo con quien los observa, ya que su pensamiento se encuentra puesto en el Altísimo. Guiraud refiere que el rostro abierto, deja ver las emociones pues es comunicativo. Es una obra mucho más realista, si observamos las pronunciadas curvas en todo su cuerpo, además de los múltiples rizos gruesos o abultados que marcan gran volumen a la figura. En cuanto a las alas se puede ver la utilización de las líneas curvas y verticales, que acentúan la ornamentación del plumaje. Para Chevalier, las alas expresarán, pues, en general una elevación hacia lo sublime, un impulso para trascender la condición humana, mientras que la desnudez es símbolo de la pureza física, moral, intelectual y espiritual, siendo el desnudo la base del movimiento idealista (Humanismo idealista). Con todo esto, vemos como el escultor-artesano supo darle un mayor movimiento y libertad, por medio de las formas delicadas y curvas a la postura de la imagen, acentuando así una cierta inclinación por el naturalismo y el ideal clásico.

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Conclusión

Antes de establecer una conclusión sobre el observación de la obras y si hubo alguna semejanza en cuanto a los sentimientos que se representaron en cada una de ellas, por medio de las expresión gestual, es importante tener en cuenta que, los ángeles pertenecen a la iconografía cristiana como imaginario simbólico, pues éste se fundamenta en la producción artística de símbolos o imágenes convencionales que representan una idea o un ser, en la necesidad de identificar entes intangibles. Por otra parte, las imágenes de los ángeles, se encuentra dentro del culto dúlico, propuesta por Luís A. Rodríguez en su tesis de pre-grado, en donde considera que este repertorio iconográfico esta dentro de ese culto dúlico, por ser seres supraterrenales y de carencia matérica que sólo se conocen a través de la revelación pública contenida en las Sagradas Escrituras, sobre la que se establecen las bases para el ideario antropomórfico. En cuanto a la Angelología judeocristiana divide a los ángeles en tres jerarquías, cada una está integrada por tres coros, así lo señala Tomás de Aquino, Seudo Dionisio Areopagita, por nombrar los más primordiales. Los ángeles se encuentran ubicados dentro de la tercera jerarquía, ya que son los que tienen la guarda de cada hombre en particular, -dice Romano Guardini- para desviarlo del mal y encaminarlo al bien, defenderlo contra sus enemigos visibles e invisibles, y conducirlo al camino de la salvación. Velan por su vida espiritual y corporal a cada instante, le comunican las fuerzas y gracias que necesitan. Estos son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan “constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18, 10), son “agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra” (Salmo 103, 20)», explicación que se encuentra en la Sagrada Biblia. Es aquí donde establecemos las imágenes escultóricas infantiles presentes en el cementerio “El Espejo”.

Las imágenes seleccionadas fueron 16 en total, presentes en el cementerio “El Espejo”, no tienen la misma fisonomía, aunque algunos presentan ciertos gestos parecidos y sus atuendos son sencillos, en el sentido de que no tienen nada que ver con los famosos arcángeles o ángeles peruanos, de majestuosos trajes de guerreros y de la corte real. Se observa un interés de parte del escultor, por presentar el contraposto y el escorzo, sólo pocos muestran una figura rígida con pocos detalles, sin el más mínimo toque realista, simplemente alude a lo que quiere representar, esa imagen simbólica, el ángel. Su atributo principal son las alas, a través de ellas reconocemos e identificamos la figura, ya que es propio de las interpretaciones que el hombre ha establecido, de acuerdo al interés de distinguir los personajes de las Sagradas Escrituras, pues eran relatos tan imprecisos, que a veces no servían para guiar la imaginación de los pintores y escultores, pues en la Biblia habla sobre el “halo” y de seres que se semejaban a los hombres para comunicar mensajes, además de seres fantásticos apocalípticos, que establecen la unión de diversos tipos de animales, seres tan monstruosos y tan amorfos que parecían desafiar toda realidad e imaginación, que provenían de visiones proféticas, en la cual era difícil plasmar, en cuanto a la plástica se refiere. Es por ello, que el hombre tuvo la necesidad de transformar y establecer la figura de ángel, en este caso, como un ser con apariencia humana con alas. En cuanto a la imagen del ángel infante, se da dentro de la Edad Media y el Renacimiento, proveniente de una falsa interpretación de ciertas representaciones como, los tres escolares de la leyenda de san Nicolás, que según lo señala Réau, presentaba las reglas de la jerarquía, en el que estaban representados los tres escolares en pequeño tamaño junto a un Dios gigantesco. Además, en la tradición cristiana los ángeles se representan a menudo con rasgos infantiles, en señal de inocencia y de pureza.

No obstante, surgió la costumbre de representar las almas de los muertos en forma de niños, que también pudo contribuir con la iconografía angelical.

Se puede decir que, en el estudio reflexivo de las imágenes elegidas (16) del cementerio “El Espejo”, se pudo ver mayormente el carácter expresivo y la perfección de las formas, por parte del escultor-artesano, tanto en relieve como en la estatuaria misma. Por otro lado, se tuvo un interés por la imitación de los modelos clásicos, así como por la preocupación por la belleza y el naturalismo, que se dio a través del movimiento y la libertad en las distintas posturas de las figuras representadas.

En todo caso, se pudo observar no sólo la parte fisonómica de cada imagen, que sirvió de alguna manera en el análisis gestual y corporal, sino en los códigos presentes en nuestra cultura que ha valido como apoyo a la hora de esa reflexión y agudeza –aún no eficaz- del ojo frente a la obra, pues como historiador del arte es importante tener en cuenta el desarrollo no sólo teórico sino el práctico-visual, para la aprehensión de la esencia de las obras a examinar. Por tal motivo, se vio cierta relación entre las imágenes con respecto a sus sentimientos, pues se logró ver que ciertas figuras con respecto a la expresión serena y tranquila de su rostro (ver fig. 1,16), refería un gesto de aceptación de aquella pérdida, apropiándose del dolor por medio de la figura de la cruz o la plegaria. Mientras que otros mostraban algunos rasgos de tristeza, en gesto de sumisión o “humillación”, ya sea porque su cuerpo se sobrecogía o se inclinaba, representando así curvas suntuosas y de gran exquisitez (ver fig. 2). Algunos aceptaban resignados el dolor y sufrimiento, llevando la carga a cuestas (ver fig. 3) o llevando toda su carga en una de sus piernas (ver fig. 4, 5,6) donde hacia alusión de obsequiarles flores o rosas, como símbolo de pureza espiritual y del alma. En cambio otros elevan uno de sus brazos hacia el cielo, en gesto de apaciguamiento e implorando protección a ese Dios -que es poseedor de todo lo que esta en el cielo y la tierra- por el alma de aquel que partió (ver fig.7, 9), así como decisión (ver fig. 8). También se pudo ver que, en el gesto de adoración se presentaban rostros tristes, en el que el escultor-artesano tuvo una delicadeza en la representación de las líneas finas y delicadas ya sea en el rostro como en el cuerpo (ver fig. 10, 12). Una y que otra sólo se hicieron pequeñas incisiones para mostrar lo principal de la imagen, sin darle mucha importancia a los mínimos detalles realistas o naturales, en cuanto a anatomía y vestimenta se refiere (ver fig. 11, 13). Uno de tantos mostró cierta melancolía en su rostro y una gran firmeza en el entrecruzamiento de las manos, donde se reveló esa impotencia e imploración hacia aquel ser supremo (ver fig. 15). Sin embargo, se pudo ver en gran parte de las figuras que el escultor-artesano utilizó un solo punto de vista único, el de la frontalidad, todas dirigen su cuerpo hacia el frente, pero pocas tienen contacto directo con el espectador, pues su cabeza o mirada se inclina hacia abajo, mientras que las demás dejan ver sin ninguna traba sus sentimientos sean positivos o negativos.

Se puede decir, finalmente, que si es posible por medio de los códigos corporales que ha establecido la sociedad, y en el que se puede reconocer en el cuerpo humano, lo mismo puede concretarse en la obra de arte, haciéndose por lo tanto una crítica constructiva ya sea de diferencias, semejanzas, o quizá de juzgar como historiador del arte el verdadero lenguaje del cuerpo y los sentimientos que expresan las imágenes, sus atributos y significaciones simbólicas.

Bibliografía

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Cabral P., Ignacio. Los símbolos cristianos. México: Editorial Trillas, 1995.

Carmona M., Juan. Iconografía cristiana. Guía básica para estudiantes. Madrid: Ediciones ISTMO, 1998.

Cirlot, Juan Eduardo. Diccionario de símbolos. Barcelona, España: Labor, 1969.

Cooper, J. C. Diccionario de símbolos. México: Gustavo Gili, 2000.

Chevalier, Jean. Diccionario de los símbolos. Barcelona: Editorial Herder, 1991.

Duarte, Carlos Federico. Historia de la escultura en Venezuela: época colonial. Caracas: Ediciones J. J. Castro y Asociados, 1979.

Guénon, René. Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada. Barcelona, España: Paidós, 1995.

Guirand, Pierre. El lenguaje del cuerpo. México: Fondo de Cultura Económica, c1986.

Los 9 Coros Angélicos, agrupados en tres jerarquías. [Versión electrónica]. De http://conocereislaverdad.net/website/index.php?id=96

La representación de los ángeles. [Versión electrónica]. De

http://www.bienvenidosalafiesta.com/index.php?mod=Notas&acc=Inicio&OtraSec=0000000158

Male, Emile. El arte religioso del siglo XII al siglo XVIII. México: Fondo de Cultura Económica, 1952.

Pease, Allan. El lenguaje del cuerpo: cómo leer la mente de los otros a través de sus gestos. Caracas: Sudamericana-Planeta, c1986.

Réau, Louis. Iconografía del arte cristiano. Barcelona, España: Ediciones del Serbal, 1996

Revilla, Federico. Diccionario de iconografía y simbología. Madrid: Cátedra, 1995.

Sebastián, Santiago. Iconografía e iconología del arte novohispano. México: Azabache, c1992.

Tomás de Aquino, Santo. Suma de teología. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, c1988.

Vega, Manuel. Simbología del icono bizantino. [Versión electrónica]. De http://www.imperiobizantino.com/iconos_estudio.html

Vila Ventura, Samuel. Nuevo diccionario bíblico ilustrado. Barcelona (España): Clie, c1985.


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