El presente trabajo tiene como finalidad exponer los cambios que se llevaron a cabo en la última remodelación o intervención de la Plaza de Milla, efectuada en el año 2006 y comprendida en un lapso de seis meses. Esto, ciertamente, amerita la indagación histórica de la misma, permitiendo entender cada uno de los hechos que la han marcado a lo largo de dos siglos y medio aproximadamente, desde su inicio como solar abierto para fines polifuncionales hasta el desarrollo de Plaza Republicana, con influencia europea especialmente francesa, la cual, se ha conservado hasta hoy en día con algunas variantes, que atienden a las necesidades de una población modernizante y cada vez más exigente.

Se tratará, además, de indagar si tales cambios inciden o no en la identidad histórica de la plaza y su entorno, en otras palabras, si implicaron importantes mejoras, sin afectar la  paisajística tradicional de la Plaza de Milla. Tomaremos en consideración el espacio interno de la plaza, la volumetría, entre otros aspectos, que permitirán acercarnos más a estos cambios, partiendo de las propuestas de Bruno Zevi y su concepción esencial del espacio y de otro conocedores de la materia.

La Plaza de Milla atiende, así, un problema estético, estructural y espacial que vendrá a ser nuestro punto de interés interpretativo. Las fuentes planimétricas y visuales, permitirán también abordar la investigación desde la microhistoria, elemento conducente al análisis funcional-espacial del objeto de estudio.

APARTADO I

La plaza como elemento funcional en la Arquitectura

El sentido histórico de la plaza nos revela el papel social que la misma ha jugado, desde lo que se podría llamar ciudades campamentos “el castramentatio romano”, uno de los primeros precedentes del damero americano. Al igual que éste, la plaza será el núcleo del que parte la concepción de una ciudad. Sin embargo, a lo largo de las diferentes épocas europea, la plaza ha sido uno de los elementos espaciales arquitectónicos que más variantes ha tenido, en cuanto a su posición. Hoy en día la concebimos como un ente representativo de cualquier ciudad.

I.1.- Bruno Zevi y la concepción esencial del espacio

Lejos de plantearnos una relación inmediata entre el texto Saber ver la arquitectura (1951) y nuestro objeto de estudio, la Plaza de Milla, revisaremos las propuestas teóricas del autor para la compresión de la función espacial en la arquitectura, interesándonos sólo en cuatro propuestas empleada por Zevi: el espacio, como elemento funcional, es decir, vivir y sentir el espacio interno, lo volumétrico, en cuanto a cada uno de los elementos que lo contiene,  elementos decorativos, aplicación de las artes y la escala, por último, que remite a la relación dimensional entre estructura-hombre.

El espacio, protagonista de la arquitectura, remite a la concepción ideológica del autor como necesidad de comprender el espacio para poder historiar la arquitectura, proponiendo que: “…el espacio interno, no puede ser representado completamente en ninguna forma, ni aprehendido ni vivido, sino por experiencia directa, es el protagonista del hecho arquitectónico” (Zevi, 1951, p. 20). Esta concepción lo lleva a alegar que, la mayoría de los estudios de historia de la arquitectura se fundamentan en encontrar en el edificio, como caja de muros, una mayor interpretación de pensamiento, sin prever que el espacio arquitectónico no se agota en las cuatro dimensiones: altura, prefundida, ancho y tiempo, así, “La definición más precisa…de la arquitectura, es aquella que tiene en cuenta el espacio interior” (p.26). Puesto que, esta caja de muros, remite a una rotura en la continuidad espacial, que a su vez, contribuye en la creación de dos espacios “…los espacios internos, definidos completamente por cada obra arquitectónica, y los espacios externos o urbanísticos, que están limitados por cada una de ellas y sus contiguas” (p.28).

Ahora bien, en medio de la posición esencialista del espacio, Zevi reconoce que la obra arquitectónica se caracteriza por una pluralidad de valores, que remiten a lo económico, social, técnico, funcional, artístico y decorativo, pero encuentra en todos éstos la determinación de variables a diferencia del espacio que está y permanece. Por ende, el espacio nos circunda y nos incluye.

Al referirse a la fachada como representación de alzado, fundamenta que los textos de arquitectura difunden el método gráfico lineal, sin percatarse de la materialidad del edificio, además de encontrar limitaciones con este medio, debido a que, al hallarse con prevalecientes volumétricos, la técnica debe cambiar a la maqueta, presentando otra dificultad: la escala, es decir, la relación entre las dimensiones del edificio y las dimensiones del hombre. Sin embargo, en relación con este medio, surge la fotografía, que da un mejor sentido de escala del edificio, de allí que utilicemos este método para verificar las propuestas mencionadas anteriormente,  aunque nunca dan una visión entera de la construcción. Estos métodos de representación llevan a afirmar al autor que:

…en todas partes dondequiera que exista una completa experiencia espacial para la vida, ninguna representación es suficiente. Tenemos que ir nosotros, tenemos que estar incluidos y tenemos que llegar a ser y sentirnos parte y metro del organismo arquitectónico. Todo lo demás es didácticamente útil, prácticamente necesario, intelectualmente fundido; pero no es más que una mera alusión y función preparatoria… (p.49).

Los rasgos de esta orientación teórico-crítico para la revisión histórica de la arquitectura, permite acercarse al primer enfoque de la función espacial del edificio, visto desde la realidad del arquitecto, sistema que regirá la comprensión del edificio desde una postura funcionalista, y en consecuencia, se da curso a la revisión del reconocido historiador del arte, Juan Plazaola, pero ahora desde la orientación histórico contextualista.

APARTADO II

La Plaza de Milla y su contexto urbanístico en la historia

II.1.- Etapa colonial de la Plaza  Menor de Milla

Con el surgimiento de las ciudades coloniales durante el siglo XVI, en pleno proceso de colonización del hombre europeo en tierra americana, se implanta una tipología urbanística conocida como el damero, sistema cuadrangular en forma de ajedrez. Esquema fundamental para la planificación de la ciudad, que consiste en una simple cuadricula, en cuyo centro exacto se encuentra ubicada la Plaza Mayor, es decir, aquel elemento o factor básico de la planificación urbana que, como señala Paúl Zucker citado por Yakimov (1988), se trata del corazón mismo de una ciudad.

En América latina, Venezuela y por supuesto en Mérida, la Plaza Mayor y las Plazas Menores eran polifuncionales, es decir, cumplían con una serie de funciones: desde los mercados semanales, las declaraciones políticas, hasta las festividades religiosas, entre otras. Las características estaban determinadas según las ordenanzas de poblaciones realizadas entre 1523 por Carlos V y 1573, fecha de promulgación de las definitivas “Ordenanzas de Poblaciones” de Felipe II.

Estas ordenanzas contaban con algo en común, el trazado de una plaza y de las callas adyacentes se debía realizar “a cordel y regla”, aunque esto no significaba necesariamente que el resultado sea un damero regular perfecto, pues se adoptaban en mucho de los casos, a las condiciones topográficas de las ciudades costeras e inclusive las del interior del país. En esta ultima, la Ley 113 decretada por Felipe II, con relación a la Plaza Mayor es muy clara: “…siendo en lugar mediterráneo, se ubicará en medio de la población…” (citado de Lemoine, 1977, p. 34).

Se toma en consideración en otras Leyes, tales como la ley 115, entre otras, la disposición espacial externa de la plaza en relación con sus cuatro calles principales que resultaban de cada costado de la misma.

Con relación a los ejes longitudinales internos de la plaza, se ejecuta el cruce de dos calles mayores, o como se define actualmente caminerias (de Norte a Sur el eje “de cardo” y  de Este a Oeste el “de decúmeno”). En el centro de la plaza se ubica el “rollo o picota”, también llamado “Palo de Justicia”, como símbolo de potestad y de gobernabilidad política. Así, se caracterizó pues, una típica plaza del período colonial.

Ahora bien, en cuanto a las plazas menores, y en el caso de estudio, la Plaza Sucre, de la ciudad de Mérida (comúnmente llamada Plaza de Milla), al parecer solo se pueden diferenciar con la Plaza Mayor por su tamaño e importancia desde el punto de vista del uso público. Sin embargo, la dimensión de la Plaza de Milla desde un principio ha sido superior a la plaza principal, recordando que durante el período colonial, tal como lo explica Páez (1992), el espacio propiamente de la plaza no se encontraba constituido en ésta, en pocas palabras no poseía ningún tipo de pavimento y sólo estaba delimitado por las cuadras o solares a su alrededor con escasas construcciones o edificaciones (ver lamina 1).

Entre las parroquias merideñas erigidas en 1805, según Páez (1992) y Rihtman (2001) se encuentra la de Milla, un barrio colonial que poco a poco fue urbanizándose. Se le atribuyó este nombre en honor al maestro albañil, Juan de Milla, un hombre del pueblo Duitama, perteneciente a los indios de Tunja; reconocido por la realización de varias obras civiles y religiosas en la ciudad, como la edificación de la Iglesia Mayor (1592), el convento de San Agustín (1595), -hoy en día Iglesia “La Tercera”- y el templo del convento San Francisco (1613).

La Plaza de Milla se constituyó en el centro de este barrio colonial, jugando un  papel preponderante en el desarrollo de la ciudad por su ubicación específica hacia el extremo norte del casco central; proporcionando un punto de confluencia y de encuentro urbanístico-rural, y de intercambio cultural.

Dicho esto, podríamos pasar a la siguiente etapa donde se deja a un lado la formación colonial para continuar el proceso repúblicano, que históricamente se constituye con la instalación de la primera república en 1812, pero estilística y socialmente da fe continuadora del pensamiento colonial, por sus estructuras hasta mediados del siglo XIX.

II.2.- Etapa republicana en la Plaza Sucre de Milla

Al parecer, luego de cuarenta y cuatro años de instalada la república es cuando la Plaza de Milla sufre los primeros cambios estructurales. En 1856, se tomo en consideración los trabajos de regulación en la ciudad de Mérida, tal como refiere Páez (1992), la cuadra o manzana donde se encontraba localizada la Plaza Menor, sufrió ligeros cambios, la plazoleta se convirtió en plaza de la iglesia, ocupando el lugar que vemos actualmente. Esta plaza debía estar distribuida de acuerdo con la ubicación de la iglesia parroquial, además posibilitaban el crecimiento de la población, cumpliendo igualmente con funciones sociales, culturales e inclusive comerciales, en las que se desenvolvían  las parroquias de una ciudad.

Con el gobierno de Guzmán Blanco, que tiene sus inicios en 1870, surge las pautas positivistas, modernizadoras e ilustradoras concretadas en Europa a finales del siglo XVIII y los primeros cuartos del siglo XIX, trayendo consigo parte del idealismo europeo y en especial del francés; de allí que la estructura urbana colonial fuese reformada. En lo que se refiere a las plazas, los patrones de diseños de plazas jardines francesas se adoptaron en la tipología venezolana, acentuándose como referencia principal la ciudad de caracas. Se sustituirá el “rollo o picota” para remplazarlo por la figura ecuestre, de busto o pedestre de los héroes.

Con relación a este período republicano en la Plaza de Milla, Páez C (1992), señala que:

…Sus primeros cambios, o mejor, intenciones de remodelación, ocurren en la última década del siglo XIX cuando la ciudad se prepara para la celebración de los centenarios de Páez (1890), y Sucre (1895). Originalmente la plaza se había destinado para honrar la figura de Páez… (p. 117).

Es así, como el proceso de remodelación y embellecimiento en la plaza fue promoviéndose en la medida de las posibilidades. En esta ultima dedicatoria al Mariscal Sucre, el diario de la época El Comercial, citado por Páez (1992), indica que:

La Plaza de Milla fue destinada por el Gobierno del Estado para dedicarla a Sucre con motivo de su centenario, el día 3 de febrero (1895) fue inaugurada. Los trabajos hechos en ella y el sencillo monumento dedicado al héroe, quedaron muy buenos, solamente el busto del mariscal no está cónsone por ser la plaza muy grande y el busto una miniatura  (p. 119).

De este modo podemos descifrar que, para 1895, el único trabajo de cambios estructurales realizado en la plaza es el diseños de caminerias, elaboradas en ladrillos que conducen al centro del espacio donde se ubicaba el pedestal y el pequeño busto (ver imagen, 1). Convirtiéndose así en plaza cívica.

plaza milla 1

Imagen 1, Plaza de Milla, 1935

El paisajismo, que correspondió al proceso de arborización, se realiza en un período más tardío. En el año de 1925, se dictamina la ordenanza de embellecimiento de las plazas jardín, por el entonces gobernador, General Uzcátegui. Siendo uno de los espacios a intervenirse en la Plaza de Milla, llegando a definirse dentro de los parámetros de la sociedad del siglo XX, como un lugar de esparcimiento y regocijo.

Para el año de 1949, sufre la última intervención estilística de gran envergadura, la pavimentación de lozas y granito, la instalación de alumbrado y la colocación del actual monumento con el pedestal de mármol y la estatua pedestre del Mariscal Sucre.

Después de este bosquejo histórico en la Plaza de Milla podemos incursionar en la interpretación espacial-funcional, que responde a la intervención realizada por el Gobierno regional, bajo el ente rector CORMETUR.

APARTADO III

Una nueva etapa funcional en la Plaza Sucre de Milla

El mal estado en el que se encontraba la Plaza de Milla, por la falta de mantenimiento y las condiciones en las que se hallaba su entorno espacial estructural, funcional e inclusive estético restaban, sin duda alguna, su atractivo y su concepción como lugar para el desarrollo de diferentes actividades; se concibe un proyecto en el que se engloban estos problemas, una puesta en valor con tiempo aproximado de cinco meses y medio, comenzando a ejecutarse el primero de febrero de 2006 y concluyendo el catorce de julio del mismo año.

Un espacio, como lo indica Yakimov (1988), debe “… ofrecer las condiciones de estímulo para la vida ciudadana al aira libre, para el esparcimiento, el ocio, la recreación, la comunicación, el encuentro, las vivencias comunitarias, etc…” (p. 9). Estas premisas las tomaremos en cuenta en los siguientes postulados, donde se verá que los cambios realizados en esta puesta de valor significaron importantes mejoras, sugiriendo la adaptación a las exigencias del pensamiento, nuevos hábitos y nuevos cambios de vida en las que se desenvuelve el desarrollo de la ciudad, sino que, además, se ha mantenido con la identidad de aquella plaza de finales del siglo XIX.

III.1.- El espacio interno de la Plaza

Como consecuencia de las distintas intervenciones, la Plaza de Milla ha sido objeto de una  serie de nivelaciones. Hasta antes de la remodelación, según Rihtman (2001), la plaza “comprende un área de 9.454 metros cuadrados…, con un perímetro de 390 metros, por la cual constituye la plaza pública más grande de la ciudad” (p. 40). La autora, señala en el levantamiento topográfico, la mayor elevación de la plaza en la esquina que conforman la Avenida 3 y la calle 14, igualmente, desde su interior la plaza presenta un desnivel de 2.50 m, entre el área central y el sitio de usos múltiples.

Ciertamente, el espacio interno de la plaza no es simétrico, los distintos desniveles (debido a las condiciones topográficas de declive), e inclusive las mismas caminerías, nos habla de una plaza amorfa.

En el plano actual de la plaza (ver lamina 3), notamos una reducción en sus dimensiones en aproximadamente 3 mts de ancho, sólo en el área superior de la misma, hacia la prolongación de la callas 13 Colón, y sin tomar en cuenta los cambios realizados en la Plaza de Milla, los elementos que la identifican como plaza republicana, aún siguen presente en la actualidad. Estos elementos están constituidos con el trazado de sus respectivos ejes longitudinales (cardo y decúmeno) y la ubicación del monumento al Pedestre Antonio José de Sucre. De esta forma se ha respetado el principal espacio histórico de la plaza y mejorado notablemente las instalaciones estructurales de la misma.

Entre las variantes más significativas de este proceso de rehabilitación o remodelación tenemos:

  • Poda y tala de vegetación alta.
  • Instalación de un sistema de riego manual y sanitario en sala de máquinas. En esta sala se encuentra las bombas de agua para la cascada y fuente, como también los controles de funcionamiento de las mismas.
  • La utilización de concreto armado para cada una de las escaleras de acceso a la Plaza.
  • Escenario con techo de machihembrado, teja, recubrimiento de piso con granito lavado y barandas protectoras.
  • Sitio de usos múltiples, ahora con granito lavado.
  • Construcción de nuevo canal de acceso vehicular, demarcación e isla montable, en intersección de calle 13 con Av. 2 Lora.
  • Modelos de lámparas con tres bombillos y luz mixta.
  • Demolición de muros para colocar rejas forjadas de protección.
  • Nuevas caminerías de concreto y ladrillo, además, bancas de madera y metal.
  • Construcción de cascada con desniveles que crea una cortina de agua.
  • Monumento y pedestre restaurados y construcción de la fuente circular a su alrededor.
  • Construcción de rampa de acceso a discapacitados.

Todo esto sin contar con los trabajos paisajísticos en la Plaza, que veremos más adelante.

Esto nos lleva a proyectar un problema funcional y estético al mi tiempo. Tal como lo plantea Zevi (1951), el espacio propiamente funcional, es aquel que no depende de elementos externos que lo hagan notar en el contexto en el que se ubique. Este espacio se vale por si solo y todo se desenvuelve a su alrededor. La Plaza de Milla cumple así, con un  nuevo diseño funcional, de ocio y recreación en particular, se deja a un lado aquél formato de la plaza contemplativa, y ahora, en ésta se integra la presencia de una mayor variedad de actividades.

El espacio interno de la plaza presenta características, tanto en el aspecto funcional como perceptual. Sobre estos, Yakimov, N (1988), señala:

…no es suficiente con garantizar la correcta organización espacial del lugar y proveerla del necesario equipamiento y de otros componentes físicos (como seria la vegetación, por ejemplo)… es igualmente de importancia vital prever las impresiones que percibirá el hombre a través de los sentidos… No es lo mismo oír el sonido de una cascada que el de una maquinaria trabajando, ni es lo mismo el olor de los arbustos en flor que el de los escapes de los vehículos automotores… (p. 9).

Así mismo, la retreta, el monumento al prócer de la patria, la fuente circular a su alrededor -estos dos como un conjunto-, y la cascada, constituyen tres elementos esenciales. Sin olvidar, la concepción original de plaza nuclear que ésta representa, es decir, sin dejar a un lado la relevancia del monumento en verticalidad o en ascensionalidad que, sigue siendo el foco de atención, manteniendo el equilibrio propuesto para la impresión de una plaza. Estos elementos funcionan y se retroalimentan mutuamente bajo la percepción visual del espectador.

III.2.- Juego volumétrico

Analizar el juego de volúmenes generado en al Plaza Sucre de Milla, en su última intervención, conlleva a determinar sus volúmenes estructurales, y posteriormente a los volúmenes paisajísticos que, determinan tales condiciones.

La incorporación de nuevos elementos estructurales a la plaza hacen que esta crezca en volumetría, una volumétrica tridimensional correspondiente a las formas y tamaños de cada un0 de estos elementos. Que se plantean como conexos; proporcionan un sentido armónico y de equilibrio, que impacta en la plaza desde cualquier punto de vista, en pocas palabras no existe ninguna obstrucción aparente que interfiera en la percepción del espacio.

Partiendo del corte longitudinal de la plaza, podemos determinar el papel o rol que juega los volúmenes tanto estructurales como paisajísticos en la misma. Estudiaremos en primer lugar los volúmenes estructurales más significativos ubicados en el interior de la plaza, (Imagen 2), la retreta (1), el monumento al pedestre (2), y la cascada (3).

plaza milla 2

Imagen 2, Corte longitudinal en volúmenes estructurales, Plaza de Milla

La retreta, ubicada en el ángulo inferior derecho de la plaza, a pesar de variar en posición de alineamiento con relación al monumento de Sucre y la cascada, se constituía como una plataforma hexagonal de hormigón macizo con murete sobresaliente, este último eliminado en la intervención, ahora con techumbre que mantiene la hexagonalidad, machihembrado y las barandas protectoras en hierro forjado, hacen de esta unidad una estructura sobresaliente de la plaza, que cumple funciones de recreación, de esparcimiento y de ocio.

Ahora, ubicamos en el elemento central, el monumento a Sucre, en el que se produjo en la actualidad una depuración visual, aunque no brinda el poder necesario para nuclear totalmente la plaza, debido a las dimensiones de la misma, su verticalidad mantiene el dominio sobre las otras estructuras. Su fuente, en forma circular constituye un conjunto con la base escalonada, acompañada de esferas en cada lado sobre la que se haya el monumento, este a su vez sobre un pedestal o podio de altura considerable.

El último elemento, quizás el más significativo, por no ubicarse en la plaza antes de la remodelación, es la cascada, esta denota un rectángulo con pequeños desniveles que caen en el piso encerrado por un semicírculo y bordeado por un pequeño muro. Un recurso más para la ambientación de la plaza que, de alguna u otra forma la equipa y le da un sentido de apoyo necesario para que el espacio abierto pueda funcionar a cabalidad. La frescura, el agrado visual y otras sensaciones, permiten que las actividades se desarrollen satisfactoriamente.

III.3.- Lo artístico y lo ornamental

Si incluimos lo pintoresco, lo bello y lo sublime de la pintura y del paisajismo de lo romántico en el arte europeo moderno. Diríamos que la Plaza de Milla mantiene una reminiscencia poética de aquel estilo. Sin llegar, aun así, al carácter sublime.

El entorno paisajístico que ahora le acompaña no niega el deseo de permanencia, la vegetación ornamental, los “jardines”, elemento de gran importancia, ha sido modificada. Yakimov, N (1988), indica en su planteamiento que:

…la correcta escogencia de la vegetación ornamental en sus diferentes escalas (árboles, arbustos, cubresuelos, césped permite brindar sombra, neutralizar la vista negativa, cortar vientos, crear barreras visuales y funcionales, aportar alegría y color, brindar superficies de reposo visual, etc…). (p.10).

Es claro que la Plaza de Milla aporta estas características hasta el punto de decir que, la vegetación con sus formas geométricas, en especial circulares y colores llamativos, puede centrar la atención tanto en la cascada, el monumento y la retreta. Entendiendo las posibilidades que ofrece un espacio público de contener más de un hito, sin tender a confusiones de jerarquía entre el elemento principal y los de apoyo, con la finalidad de mantener el equilibrio interno.

Como un hecho artístico, consideramos la intervención o restauración a la estatua pedestre al Mariscal Sucre, en un interés más por rescatar el patrimonio cultural regional, ésta en su abandono total, le restaba a la plaza la calidad de ser esencialmente una obra cívica, su adecuada restauración le proporciona un mayor atractivo que, claramente, no tenia.

La poda y tala de la vegetación alta, es decir, los árboles, (ver lamina 4 y 5), contribuyen notablemente al mejoramiento de la calidad visual, incorporando el color, el volumen  etc, como los estímulos preceptúales valiosos para aquellos quienes van transitando en auto, como a pie, e inclusive el de brindarle a este último la elección de ubicarse en los espacios tanto de luz como de sombra, en determinadas horas del día, si así lo amerita la temperatura, la humedad y los demás factores ambientales.

Pasando a otro elemento ornamental, nos encontramos con las barandas o reja de hierro forjado de protección tanto en la retreta, el espacio de usos múltiples superior que acompaña la cascada, como en las escaleras de acceso, proporcionan un aspecto más sutil en la paisajística interna de la plaza. Éstas sustituyeron lo que podríamos llamar “muretes”, aunque cumplían la misma función de conservar, recorrían volublemente toda la plaza formando diferentes figuras geométricas en un intento casi “creativo” del proyectista de la plaza, no concordaban con una percepción positiva del entorno, más que vivo producían un efecto monótono, por su color grisáceo opacaban aun más los lugares sombreados, las grietas en la superficie y las manchas por el escurrido del agua de lluvia, completaban el panorama nada inspirador que brindaban las obras cívicas de la plaza.

Si a esto se le agrega el piso, para aquel momento totalmente en mal estado. Ha sido reformado con concreto y ladrillo macizo alternado en el mismo, la utilización de granito para el piso de la plataforma o retreta, igualmente se sustituyó el ladrillo de terracota por cemento lavado con listones de cerámica en la plazoleta o sitio de usos múltiples. Sin duda, complementan la armonía en el espacio.

El alumbrado, los bancos de madera y metal, los receptores de basura, el sistema de riego, el acceso para minusválidos y la plataforma de entrada inferior de la plaza, constituyen los últimos elementos de apoyo y de equipamiento necesario para que este espacio abierto, pueda funcionar a cabalidad.

III.4.- La escala: relación estructura-hombre

Cuando hablamos de escala nos referimos a la distancia relativa de los objetos en el espacio dependientes de su iluminación, el objeto representado con mayor iluminación sugiere estar más cerca. Así, la escala se constituye en el ojo humano como una de las leyes de la proporción  perfecta.

La proporción juega un papel importante en la vida y, al parecer, es la que más directamente se asocia con la belleza. Cualquier elemento viviente u objeto que observamos dependen de la proporción, o relación en que se encuentran sus diversas partes con respecto a un todo. La proporción esta directamente relacionada con la escala, tanto en lo funcional como en lo práctico, vinculando al hombre como escala o medida de todas las cosas, el cual se ha impuesto en todos los ordenes del diseño moderno.

La Plaza de Milla puede que no sea un caso excepcional. Si bien, las dimensiones de la plaza no se adaptan a la escala humana, su entorno paisajístico y estructural concuerdan, en el sentido funcional, con las proporciones humanas. Kidder, citado por Yakimov ( 1988), plantea que: “La función física o psicológica de la plaza no depende de su tamaño o escala… todas crean un lugar de reunión para las personas… ofreciéndoles el refugio…” (p.2). Es una cuadra o un espacio, que nos habla de otro hito referencial de entre las construcciones más representativas de la ciudad.

Por su parte, el hombre como usuario del entrono urbano se identifica con este, tratando de organizar de una manera lógica y coherente cada uno de los elementos que allí percibe. La Plaza de Milla mantiene, así, una homogeneidad estructural en la percepción del usuario.

ANEXOS

plaza milla lamina 1

Plano de la Plaza de Milla, 1856  (Lamina 1, Fuente Páez: Fig. 10)

plaza milla lamina 2

Plano de la Plaza de Milla, 1990 (Lamina 2, Fuente: Páez, Fig. 11)

plaza milla lamina 3

Plano de la Plaza de Milla, 2006 (Lamina 3, Fuente: CORMETUR)

plaza milla lamina 4

Ubicación de los árboles en la Plaza de Milla, antes de la remodelación (Lamina 4)

plaza milla lamina 5

Ubicación de los árboles en la Plaza de Milla después de la remodelación (Lamina 5)

Sitio de usos múltiples, ahora con granito lavado

Sitio de usos múltiples, ahora con granito lavado

Escalera de concreto armado esquina de calle 14 con Av. 3 Independencia

Escalera de concreto armado esquina de calle 14 con Av. 3 Independencia

Jardín subiendo por la Av. 3 Independencia

Jardín subiendo por la Av. 3 Independencia

Escenario con techo de machihembrado, teja, recubrimiento de piso con granito lavado y barandas protectoras

Escenario con techo de machihembrado, teja, recubrimiento de piso con granito lavado y barandas protectoras

Demolición de muros para colocar rejas forjadas de protección

Demolición de muros para colocar rejas forjadas de protección

Construcción de nuevo canal de acceso vehicular, calle 13 con Av. 2 Lora

Construcción de nuevo canal de acceso vehicular, calle 13 con Av. 2 Lora

Jardinería con rejas forjadas de protección, sitio de usos múltiples

Jardinería con rejas forjadas de protección, sitio de usos múltiples

Entrada, ángulo superior derecho, Av. 3 Independencia

Entrada, ángulo superior derecho, Av. 3 Independencia

Jardinería interior de la plaza, nuevas bancas de madera y metal y facilidades para personas con movilidad limitada

Jardinería interior de la plaza, nuevas bancas de madera y metal y facilidades para personas con movilidad limitada

Nuevas caminerias de concreto y ladrillo

Nuevas caminerias de concreto y ladrillo

Construcción de cascada

Construcción de cascada

Monumento y pedestre restaurados

Monumento y pedestre restaurados

Restauración en base del monumento pedestre de Antonio José de Sucre

Restauración en base del monumento pedestre de Antonio José de Sucre

Restauración de Sucre

Restauración de Sucre

CONCLUSIÓN

La última intervención en la Plaza de Milla ha demostrado ser un cambio atractivo en la ciudad. Partiendo de la premisa de que, todo entorno inmediato siempre tiene potencial para ser modificado y mejorado, sin ser alterado. Cuando nos enfrentamos a la problemática de un espacio abierto, como la plaza, ya existente que no funcionaba satisfactoriamente como consecuencia del abandono por los entes incompetentes, los daños y perjuicios de personas sin conciencia y sin ningún significado o formación de lo que es el respeto por las obras publicas, siempre existe la posibilidad de modificar las características de éste entorno cultural, hasta que, el mismo sea el más apto o el más cónsono a nivel funcional.

La plaza es mucho más que cierta cantidad de metros cuadrados, es una forma de vida, una concepción de vida. Como se ve, la plaza crea un lugar de reunión para las personas, humanizándolas a través del contacto mutuo, liberadora de tensiones en una ciudad cada vez más en movimiento. La Plaza de Milla, después de su puesta en valor conlleva a realizar juicios que no escapan a su atractivo, reflejado en lo perceptual, en cada uno de los individuos que allí transitan. El nuevo diseño estructural en la plaza se presenta como una manera de guiar las actividades estimulantes que pueden desarrollar los usuarios. Además, el buen equipamiento, la vegetación o el diseño de paisaje son también motivos enriquecedores de la plaza.

Para culminar y considerado todo lo expuesto hasta aquí, podemos dar por comprobada la hipótesis en el sentido de que la Plaza Sucre de Milla de la ciudad de Mérida ha sido mejorada y reformada en lo que a estético, estructural y espacial de la misma se refiere.

BIBLIOGRAFIA

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Páez Rivadeneira, C. (1992). La Plaza Mayor de Mérida: historia de un tema urbano. Academia Nacional de la Historia . Caracas.

Lemoine Martínez, R (1977). El modelo clásico de ciudad colonial. Publicación de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Universidad de Chile. Chile.

Rihtman, D (2001). Plaza Milla: Un lugar de encuentro. Trabajo de Grado para optar al Titulo de Magíster Scintiae en Diseño Urbano. Universidad de los Andes, Mérida.

Yakimov, N (1988). Parques y plazas de Mérida. Universidad de los Andes. Mérida.

Zevi, B (1951). Saber ver la arquitectura: ensayo sobre la interpretación espacial de la arquitectura. Editorial, Poseidón. Buenos Aires.


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